Cultura Chevrolet - El nuevo Camaro Hot Wheels evoca recuerdos

Ruedas de carritos que siguen girando

Por Clay Nichols

Irónicamente, la noticia del SEMA sobre un modelo nuevo de Camaro de Hot Wheels, me trajo recuerdos de un día que me quedé con mi hijo para hacer una limpieza en casa.

Con dos bolsas de rompecabezas y juegos de mesa a los que les faltaba la mitad de las piezas, ya me estaba sintiendo bien. Pero mi ritual anual de limpieza de otoño, donde limpiamos cajas de juguetes y estantes anticipándonos a las vacaciones, tuvo un alto. Ahí fue cuando vi una caja de Hot Wheels.

Tenemos que ser poco sentimentales con las cosas que tenemos en nuestra pequeña casa, pero al mirar la caja, recordé que los Hot Wheels eran el premio ideal que tenían nuestros hijos cuando tenían entre 4 y 6 años. Esa caja azul a medio llenar es como un cuentakilómetros, un contador de tranquilas visitas a la tienda, valientes citas con el médico, libros leídos completamente.

Luego otro recuerdo más reciente vuelve a mi memoria –de algo de amplios hombros y verde como Hulk, un brillante carrito Hot Wheels que acaba de cobrar vida. Recuerdo estar en el auto show de Detroit en enero pasado, mirando al Camaro Hot Wheels Concept (inspirado en uno de los Hot Wheels originales lanzados en 1968) e imaginando cómo podría hacer que incluso mis calles suburbanas se sientan como en una pista de carreras de color naranja brillante.

Era claro que para los varones, grandes y chicos, este tesoro sería más difícil de lidiar que con las pistolas rotas y los viejos helicópteros a control remoto. Pero no hay ninguna duda de que algo de esto tiene que irse.

Como muchos chicos de la edad de mi hijo menor –tiene 8 años– la caja de juguetes tiene una fuerte competencia con la Xbox. Algunos kits con pistas nuevas de Hot Wheels vuelven a aparecer para renovar el interés en los carritos, pero ya no están interminablemente colocados en enormes playas de estacionamiento imaginarias, desfiles o largas líneas de partida. Pero como hay cosas acerca de los Hot Wheels que nunca se superan, le dejaré algunos. Sin embargo tendremos que sacrificar a la mayoría.

Agarré un pequeño Tupper –probablemente de un quinto del tamaño de la caja– y le asigné una misión a mi hijo. Le dije que podría quedarse con todos los carritos que entraran en el Tupper. El resto sería donado a caridad para que otros chicos puedan jugar con ellos. Él aceptó el desafío y se puso manos a la obra.

Inmediatamente me pregunto qué clase de patrón utilizará mi hijo para elegir los que se queden. El proceso se vuelve una especie de test de personalidad automotriz. Todos los tipos de auto están representados en la caja: exóticos, muscle cars, camiones, deportivos. ¿Con qué clase de auto se siente representado?

Recuerdo el tipo de influencias que yo tuve. Me gusta el poder y la performance. No soy del tipo al que le gustan los camiones. Tampoco me gustan los imprácticos exóticos con sus absurdos precios de etiqueta. Mi Hot Wheels ideal está definido prácticamente por aquel modelo que vi aquella vez en Detroit. ¿Pero mis gustos se verán reflejados en las decisiones de mi hijo?

Empieza el proceso. Los carritos Hot Wheels de nuestra casa no son de colección, son para jugar, así que a algunos le faltan ruedas o tienen algunas roturas en los parabrisas. Éstos son los primeros en irse. Algunos más baratos y sin marca han logrado colarse al garaje. Pero también irán al depósito de chatarra.

Cuando finalmente el proceso finaliza, vemos a los sobrevivientes, y me alegra ver que más de tres cuartas partes lo componen muscle car americanos: algunas réplicas, algunos modificados como sólo algunos diseñadores en los laboratorios secretos de Mattel pueden lograr. Un par de Camaros y un Corvette marcan la diferencia (lamentablemente ninguno original de 1968).

Los colores variados, parrillas y rines son irresistibles. Debo inspeccionar cada auto.

Sin darme cuenta, estamos con mi hijo en el suelo jugando, eligiendo a nuestros favoritos, corriendo en pistas invisibles. Y lo miro y me pregunto “¿qué pasaría?”. ¿Qué pasaría si un autito Hot Wheels fuera más que sólo un concepto? ¿Podría ser que, algún día, una de estas pequeñas fantasías se estacionara afuera esperándonos para que nos subamos y conduzcamos pintando la calle de naranja?

Ahora los diseñadores e ingenieros de Chevrolet han respondido mis preguntas, con un “¡Si!” pintado de un azul despampanante con llamas a los costados, y el emblema de Hot Wheels.